1. ¿CÓMO DISEÑAR UN MÉTODO? [1]
La reflexión
sobre el método
puede hacerse en
una de las
tres formas siguientes. En la
primera, el método
se concibe más
como un arte que
como una ciencia.
No se aprende en
los libros o
en los cursos, sino
en el laboratorio
o en el
seminario. [Lo que cuenta
es el
ejemplo del maestro,
el esfuerzo por imitarlo y sus comentarios acerca
del trabajo del
estudiante] Tal ha
de ser, a
mi modo de
ver, el origen de
toda reflexión sobre
el método, porque
ésta debe partir
de una realización
previa. Este también será
siempre el camino
por
el que
se comunicarán los
refinamientos y sutilezas
propios de las áreas
especializadas.
Hay, sin
embargo, espíritus más
audaces. Estos seleccionan
la ciencia de
mayor éxito en
su tiempo, estudian
sus procedimientos, formulan leyes
y finalmente proponen una
concepción analógica de ciencia.
La ciencia propiamente
dicha es la
ciencia que han
analiza-
do. Otras
disciplinas son científicas
en la medida
en que se
conforman a sus
procedimientos, e infracientíficas en
la medida en
que se apartan de
ellos. Es así como David
Ross anota a propósito
de Aristóteles: «A través
de toda su
obra encontramos que
asume el punto de
vista de que
fuera de las
matemáticas todas las
demás ciencias reciben el
nombre de ciencia
sólo por cortesía,
puesto que se
ocupan de materias
en las que
la contingencia juega
un papel».[2]
Así, también, la palabra
inglesa «ciencia» significa
hoy ciencia natural.
Se bajan uno
o más peldaños
de la escalera
cuando se habla
del ciencia del comportamiento, o
de ciencias humanas.
Finalmente, con frecuencia los
teólogos tienen que
contentarse con ver su
matería catalogada no
en una lista
de ciencias, sino
de disciplinas académicas.
Es claro
que estas dos
formas de abordar
el problema del método hacen
muy poco por
hacer avanzar las
materias que menor éxito han
alcanzado. Porque precisamente
en estas materias,
por haber obtenido menos
éxito, faltan maestros
que seguir y
modelos que imitar. Ni
resulta útil recurrir
a la analogía
de ciencia, porque
esta analogía, lejos de
extender su mano
en ayuda de las
materias menos avanzadas, se
contenta con asignarles
un puesto inferior
en la jerarquía.
Hay que encontrar,
pues, un tercer
camino, y, aunque
resulta difícil y laborioso,
se ha de
pagar ese precio
si no se quiere
que las disciplinas de
menor éxito permanezcan
en la mediocridad
o vayan lentamente cayendo
en la decadencia
y el desuso.
El
objetivo del presente
capítulo es el de sentar
las bases de este tercer
camino. En primer
lugar, apelaremos a las
ciencias de mayor éxito
para formarnos una
noción de método.
En segundo lugar, más
allá de los
procedimientos de las
ciencias naturales, iremos
a algo más general
y a la vez más
fundamental: a saber, a los procedimientos de
la mente humana.
En tercer lugar,
en dichos procedimientos discerniremos
un método transcendental, es
decir, un esquema
básico de las
operaciones que se realizan en
todo proceso cognoscitivo. En
cuarto lugar, indicaremos
la relevancia del
método transcendental en la
formulación de otros
métodos más específicos, apropiados a
campos particulares.
2.
NOCIÓN PRELIMINAR [3]
Un método es un esquema
normativo de operaciones recurrentes y relacionadas entre
sí que producen resultados acumulativos
y progresivos. Hay, pues,
un método cuando
hay operaciones distintas, cuando cada
una de las operaciones se relaciona
con las otras, cuando el
conjunto de operaciones
constituye un esquema,
cuando el esquema se concibe
como el camino correcto para
realizar una tarea, cuando
las operaciones se pueden
repetir indefinidamente, de
acuerdo con el
esquema, y cuando
los frutos de
dicha repetición no son
repetitivos, sino
acumulativos y progresivos.
Así,
en las ciencias
naturales el método
inculca un espíritu
de investigación, y la
investigación se reproduce.
Insiste en la
observación y descripción
cuidadosas, y las
observaciones y descripciones se
reproducen. Sobre todo, estimula
los descubrimientos, y los
descubrimientos se reproducen.
Pide la formulación
de los descubrimientos en hipótesis,
y las hipótesis se
reproducen. Exige la deducción
de las implicaciones de
las hipótesis y
las deducciones se
reproducen. No cesa de
incitar a los investigadores a concebir
y realizar experimentos para verificar
con hechos observables
las implicaciones de las hipótesis, y dichos procesos
de experimentación se reproducen.
Estas operaciones,
distintas y recurrentes, están
relacionadas entre sí. La investigación transforma
la simple experiencia en
un análisis riguroso
de observación. Lo
que se observa
se fija en la
descripción. Las descripciones
contrastantes hacen surgir
problemas y los
problemas se resuelven
con los descubrimientos. Lo que
se descubre se expresa
en forma de
hipótesis. De las
hipótesis se deducen
sus implicaciones, y éstas
sugieren experimentos que
hay que realizar. Es
así como las
múltiples operaciones se
relacionan entre sí;
las relaciones forman un
esquema y el esquema define
el camino correcto que hay que
seguir en una
investigación científica.
Finalmente, los
resultados de las
investigaciones son acumulativos
y progresivos. El
proceso de experimentación aporta
nuevos datos, nuevas observaciones, nuevas
descripciones que pueden
o no confirmar la
hipótesis que se
está verificando. En
la medida en que
la confirman, revelan
que la investigación
no va del
todo por mal camino. En la medida
en que no la confirman, conducen
a modificaciones de la hipótesis
y, en el
límite, a un
nuevo descubrimiento, una nueva
hipótesis, una nueva
deducción y a nuevos experimentos.
La
rueda del método no
solamente gira sino
que también avanza.
El campo de los datos observados
no cesa de
ampliarse. Nuevos descubrimientos se
añaden a los
antiguos. Nuevas hipótesis
y teorías expresan no
solamente nuevas intelecciones, sino también
lo válido de las antiguas;
esto da al
método su carácter
acumulativo y engendra la
convicción de que,
por muy lejos
que podamos estar
aún de la explicación completa
de todos los
fenómenos, al menos
estamos ahora más cerca
de lo que
estábamos antes.
Tal
es, de manera muy sumaria, el
método de las ciencias naturales. Esta presentación
está, desde luego,
muy lejos de ser lo
suficientemente detallada como para
guiar al hombre de ciencia en su trabajo. Al
mismo tiempo es demasiado
específica como para
trasladarla a
otras disciplinas;
pero al menos ilustra
una noción preliminar
de método como
un esquema normativo de operaciones recurrentes y
relacionadas entre sí que producen resultados acumulativos
y progresivos.
3.
EL ESQUEMA FUNDAMENTAL
DE LAS OPERACIONES [4]
Las
operaciones del esquema
son:
– ver, oír, tocar,
oler, gustar,
–
inquirir, imaginar,
–
entender, concebir, formular,
reflexionar, ordenar y
ponderar la evidencia,
juzgar, deliberar, evaluar,
decidir,
–
hablar, escribir.
Se presume que el
lector está familiarizado
al menos con algunas de
estas operaciones y
que tiene alguna
noción del significado
de los otros términos.
Nuestro propósito es
el de explicitar
y aclarar el esquema dentro
del cual ocurren
estas operaciones, pero
no podremos tener
éxito sin una
dosis excepcional de
esfuerzo y actividad por
parte del lector.
Tendrá que familiarizarse con
nuestra terminología. Tendrá
que descubrir en
su propia experiencia
las relaciones dinámicas que
conducen de una
operación a la
siguiente. De otra manera
encontrará, no sólo
este capítulo, sino
todo el libro,
tan iluminador como un
ciego puede encontrar
una lectura sobre
el color.
En
primer lugar, las
operaciones de la
lista son transitivas.
Tienen objetos. Son
transitivas no solamente
en el sentido
gramatical, en cuanto las
denotamos con verbos
transitivos, sino también
en el sentido psicológico,
en cuanto a
través de ellas
nos hacemos conscientes
del objeto. Este
sentido psicológico es
el que significamos con el verbo
tender-a (intend), el adjetivo
intencional, y el
nombre intencionalidad.
Decir que las operaciones tienden-a-objetos es referirnos
a tales hechos en
el sentido de
que: a través del
ver se hace
presente lo
que es visto;
a través del
oír se hace
presente lo que es
oído, a
través del imaginar
se hace presente lo
imaginado, etc., es decir,
que en cada
uno de estos
casos la presencia en cuestión
es un acontecimiento psicológico.
En
segundo lugar, las
operaciones de la
lista pertenecen a un
operador que recibe
el nombre de
sujeto. El operador
es sujeto no solamente
en el sentido
gramatical, en cuanto
lo denotamos con un
nombre que es
sujeto de los
verbos activos de
las operaciones, sino
que es también
sujeto en el
sentido psicológico, es
decir, que opera conscientemente. De
hecho, ninguna de
las operaciones de
la lista puede realizarse
en un estado
de sueño sin imágenes, o
en un estado de coma.
Además, siempre que
se realiza una
de estas operaciones,
el sujeto
es consciente de
sí mismo operando,
está presente a sí
mismo operando, se
experimenta a sí
mismo operando. Por
otra parte, como se
verá enseguida, la
calidad de la
consciencia cambia con las
diferentes operaciones que
realiza el sujeto.
Por
consiguiente las operaciones no
sólo tienden-a-objetos, sino
que tienen también
una ulterior dimensión
psicológica. Se dan en
forma consciente y por
ellas el sujeto
que opera se hace
consciente. Así como por su intencionalidad las
operaciones hacen presentes los
objetos al sujeto, así por
la consciencia hacen presente a
sí mismo al sujeto que
opera.
4. EL MÉTODO
TRANSCENDENTAL[5]
Lo
que hemos venido describiendo
como el esquema fundamental
de las operaciones
constituye el método
transcendental. Es un método,
porque es un esquema
de operaciones recurrentes y
relacionadas entre sí que
producen resultados acumulativos
y progresivos.
Es
un método transcendental, porque
los resultados considerados no se limitan
a las categorías de
un sujeto o
de un campo
particular, sino que se
refieren a cualquier
resultado a que
puedan tender las nociones
transcendentales, que son
totalmente abiertas. Mientras
otros métodos
procuran satisfacer las
exigencias y aprovechar
las oportunidades propias de
campos particulares, el
método transcendental busca satisfacer
las exigencias y aprovechar
las oportunidades que ofrece
la mente humana
en cuanto tal.
Es una búsqueda
que es a la
vez fundante y universalmente significativa
y pertinente.
Ahora bien,
en cierta forma
todo hombre conoce
y aplica el método
transcendental. Todo hombre
lo conoce y
aplica precisamente en la
medida en que es
atento, inteligente, razonable,
responsable. Pero, en
otro sentido, es
muy difícil familiarizarse con el
método transcendental, porque
no se adquiere
leyendo libros, o
escuchando conferencias, o
analizando el lenguaje. Se trata
esencialmente de alcanzar
un grado superior
de consciencia objetivándola, y esto
es algo que
en último término
tiene que hacerlo
cada uno por sí mismo.
¿En
qué consiste esta
objetivación? Se trata de
aplicar las operaciones
en cuanto intencionales
a las operaciones en cuanto
conscientes. Así pues,
si por razón
de la brevedad
denotamos las diversas operaciones de
los cuatro niveles
con el nombre
de la principal
de
cada nivel,
podemos hablar de las
operaciones de experimentar,
entender, juzgar y
decidir. Estas operaciones
son al mismo
tiempo intencionales y conscientes...
¿Pero este
esquema no es una simple
hipótesis que habrá
que revisar, una y otra
vez, a medida que
se va desarrollando
el conocimiento que el
hombre tiene de
sí mismo?
Aquí
debemos hacer una
distinción entre el
esquema normativo inmanente a nuestras
operaciones intencionales y
conscientes y, por otra
parte, las objetivaciones de ese esquema
en conceptos, proposiciones
y palabras. Obviamente,
la revisión no
puede afectar sino a
las objetivaciones. No
puede cambiar la
estructura dinámica de la
consciencia humana. Todo
lo que puede
hacer es conducir
a una explicitación más
adecuada de esta
estructura...
Hay,
pues, una roca
sobre la que es posible edificar.
Pero permítaseme insistir
en la naturaleza
particular de esta
roca. Cualquier teoría,
descripción o explicación
de nuestras operaciones
conscientes e intencionales, necesariamente es incompleta y admite ulteriores clarificaciones y ampliaciones. Pero
tales clarificaciones y ampliaciones tendrán
que proceder de las
mismas operaciones conscientes
e intencionales. En cuanto
dadas en la
consciencia, estas operaciones son la
roca; ellas confirman
cada una de
las explicaciones correctas y refutan cada
una de las
explicaciones inexactas o incompletas.
La roca es, entonces, el
sujeto, con su
atención, su inteligencia, su racionalidad y su
responsabilidad conscientes y al
mismo tiempo no-objetivadas. El trabajo
de objetivar al
sujeto y sus
operaciones conscientes tiene por finalidad
el que comencemos
a aprender cuáles
son estas operaciones y
que realmente existen.
En síntesis: tenemos cuatro momentos de la
investigación:
1. Recolección de datos: y aquí hay que ser atento
y prolijo... si no, el trabajo sale incompleto.
2. Interpretación de los datos: aquí hay que ser
inteligente para encontrar los vínculos entre los datos recogidos.
3. Crítica de la interpretación: hay que ser
abierto y – generalmente– incorporar la mirada de otra persona.
4. Comunicación de los datos: y aquí hay que ser
claro y responsable
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